domingo, 13 de septiembre de 2015

Incómoda vigilia de oración #RefugiadosConDerechos

El sábado por la noche estuve en una incomodísima situación. Mons. Carlos Osoro, junto con algunas entidades de ayuda social de la iglesia, convocó a una vigilia de oración por los refugiados e inmigrantes, la no pequeña capilla del seminario conciliar de San Dámaso resultó claramente insuficiente... Y eso no fue lo incómodo. 

Lo incómodo fue la claridad evangélica del mensaje ante un tema que lleva años entrando más y más en mi mente, en mi corazón, colándose en mis inquietudes del día a día, mientras yo me voy haciendo cargo de la urgencia de la situación han muerto miles de personas, muchos de ellos martirizados por su fe. Por mi fe. 

El tema no llegó a la orilla con el cuerpo de Aylan, el tema vive desde hace años en esta Europa en la que yo también soy inmigrante. El tema es complejo, incómodo, porque las amenazas ni son pocas ni son lejanas. Más incómodas las réplicas que nacen del Evangelio, "al que te pida el manto..." "La otra mejilla..." "Bienaventurados..." "Yo estaré con vosotros..." "No os inquietéis pensando..." "conmigo lo hicisteis..." Ciento por uno en esta vida, con persecuciones..." "el discípulo no puede ser más que su maestro..." Y así tantas más verdades como templos que ese Jesús, que fue un niño que emigró con sus padres... Familia de refugiados en Oriente Medio..., me dice y ha pagado y firmado con su sangre. La sangre es incómoda. 

Y no quisiera ser simplista, aunque se que lo estoy siendo y mucho, la fe de ese otro que ataca y mata no está en mi el cambiarla. Pero la fe mía, la fe nuestra sí está a mi alcance, y si la tomamos sin glosa, en su belleza e incomodidad originaria es innegablemente una fe de vida, de valentía y de donación.

Miro incomoda a María y me dice "haced lo que Él os diga", miro a Cristo y me dice "ve y haz tú lo mismo". Y no puedo obviar ese recuerdo de la carta de San Pablo "nada nos separará del amor de Dios, ni la persecución, ni la espada, ni muerte ni vida...".

Muy incómodo, como incomoda es la cruz, ojalá nunca me acomode.