lunes, 2 de noviembre de 2015

Hacerse pato en la santidad

Tras mis poco más de tres años en España, dos en Madrid y casi uno en el bus 657, puedo iniciar un diccionario mexicano-español ibérico. Valga esta instrucción para justificar el título que tiene más sentido desde una óptica global. En México al hecho de obviar algo, de "hacerse el loco" se le dice "hacerse el pato", lo que es España es "hacerse el sueco", dejando en una situación confusa para mí la de los patos de Suecia, serán el colmo de la negligencia. 

Vamos a ello. En una maravillosa homilía que escuché en la Basílica del Escorial, siendo el día de todos los santos, el sacerdote ponía varios y atinados ejemplos, uno era que los patos de corral, al ver pasar a las parvadas de patos silvestres volar cuando emigran, dejan de atender a sus gusanos y vida de casa, y quieren volar, se despierta en ellos algo de "ontología patística", y se graznan convencidos a sí mismos "soy un pato, y volaré para emigrar, como que soy un pato". El vuelo de los otros les recuerda su ser más natural y verdadero. 

Pues bien, algo así nos pasa a nosotros con la santidad. Cuando vemos casos o destellos de verdadera santidad algo dentro se reconoce y quiere más. 

Nada más natural, entonces, que la cercanía de lo sobrenatural.