jueves, 24 de diciembre de 2015

La Navidad del mediocre

Muchos buenos videos y cantidad de sabias citas llenan nuestro whatsapp. Y tú y yo nos sentimos y sabemos mediocres, no preparados, llegando tarde, torpes y despistados. 

Agradezco, aunque me disculpo, esta mediocridad, esta inferioridad. Porque me hace innegable mi verdad, y porque brota una casi dolorosa insatisfacción que en su dirección más pura nos orienta hacia nuestros más profundos anhelos, deja en apabullante evidencia nuestra vulnerabilidad, tocamos ese vital deseo de dar y recibir, o morir infelices. 

Eso mismo nos hace más afines con la identidad de los originarios personajes del Belén (yo, al único que veo un poco ufano, vamos, que va de sobrado, es a Papá Noel en su versión Coca-Cola), desde María hasta el último de los pastores, todos sabían que las cosas podían haber estado bastante mejor preparadas. 

Y también nos hace más litúrgicos, ¡nos ha pillado la noche del 24 con la mente y el corazón en otras cosas! Necesitas como nadie alargar más esta fiesta, por lo menos cada día hasta Reyes (o hasta el infinito y más allá...).

Celebramos que el Verbo se ha hecho carne; verbos, no sustantivos (guiño no deliberado a Ricardo Arjona), no adjetivos calificativos (mueca a nuestra vanidad y codazo simpaticón a Tomás de Kempis "no eres más porque te alaben, ni menos porque te vituperen..."). Verbos entonces, ¿qué verbo quiere conjugar Dios en tu vida?

Que el Verbo se haga carne y habite entre nosotros. Mediocres. Necesitados de redención, publico inmejorable para un Redentor Misericordioso.

Así que, queridos árboles mal decorados, luces medio fundidas, esferas rotas, piezas despostilladas del Belén, pavos quemados y champaña de la barata. A cada uno, esta es tu fiesta, la fiesta de los no preparadas a los que les ha llegado un Salvador, el Mesías, el Señor.