domingo, 28 de febrero de 2016

Nos estamos equivocando con esto de la misericordia

Sí, he vuelto a leer Misericordiae Vultus y nos estamos equivocando con esto de la misericordia. Y este error nos puede pasar cara factura...

Y es que no cabe duda de que el tema es precioso, preciso y preciado. Ahí no hay error ni posibilidad de error, la verdadera misericordia jamás será un error. De ahí mi sorpresa al retomar la Bula del Papa Francisco para este Año de la Misericordia. Ver cómo meta y fin los felices y amables -y hasta necesarios- sucedáneos como son los programas de voluntariado, la amabilidad, los gestos para mejorar la comunicación... más temprano que tarde, si somos cruelmente sinceros con nosotros mismos, nos sorprenderemos de modo nada grato impartiendo nuestra luz desde el Olimpo de los impecables... Cosa nada relacionada con la misericordia real de la que tan bien se habla en la bula.

¿De alguna manera no esperamos de la misericordia un cierto y sano "estar mejor" aquí y ahora? Nada de malo en esto y de hecho muchas veces así sucede; pero sí es un poco arriesgado por ser insuficiente, por corresponder a otro plano de realidad: el plano real y justo de la misericordia siempre estará anclado de inicio y fin, como si de un arcoiris se tratara, en el corazón de Dios. Seamos concientes o no, eso es así. Cuando un ateo da de comer al hambriento está conectado con Dios, al margen de su increencia. 

La misericordia, todo acto de verdadero amor lo es, trasciende al tiempo y al espacio y no tiene su total alcance ante nuestros ojos. Nunca. Genera o suscita una onda expansiva que conquista varios planos, alcanza incontables corazones, rebota en insospechados tiempos, formas y rincones.

Por misericordia buscamos la unidad entre todos: que aquellos que van como unos locos paren un poco y vuelvan al punto correcto, sip, ese donde estamos nosotros precisamente, y que aquellos lentos o temerosos se pongan ya en marcha y nos den alcance, así, cuando todos estén ahí donde me encuentro yo, ya estaremos juntos y podremos celebrar nuestra unidad y (inserte aquí el cuento de la lechera que más gusto de al consumidor). Con siete años leí en una revista que todo aquel que conduce más rápido que nosotros es, sin duda, un cafre, todo aquel que va más despacio es un lento... Creo que se entiende este dinamismo de ser el justo punto de lo bueno, bello y verdadero a nadie le ha llevado al dinamismo de libertad que da la misericordia. 

La misericorida tiene entre sus esenciales elementos la omnipotencia divina, la miseria humana (personal y social), el realismo...y no, no la perfección, mira tú por dónde. Y a veces nuestros actos de misericordia quieren erradicar las miserias, y esto es imposible, hacen falta mil matices para no caer en simplicaciones reductivistas, y por lo tanto, falseadoras de la realidad.  

Claro que al dar de comer, de beber, dar vestido y techo al necesitado quisiéramos que estas personas no tuvieran que volver a pasar necesidad, habla de que tenemos un corazón bueno y grande el que no podamos desentendernos y nos duela la injusticia. La realidad social está llena de injusticias, y eso es muy triste, tiene varias causas y muchas de ellas más o menos podrían tener una pronta solución. Pero no podemos olvidar que en la verdadera raíz está el pecado original, y aunque hay mucho de pecado personal de unos cuantos, también está sostenido en estructuras pecaminosas que podemos estar fomentando sin querer, por ejemplo, prestándonos a un estilo de sociedad hedonista que acrecienta las brechas entre unos y otros, hasta que los más otros de los otros llegan a pasar hambre hasta la muerte. No erradicaremos la miseria, no en está vida, y aún así nuestro esfuerzo continuo tiene sentido pero es parcial. Y resuena "siervos inútiles, solo hicimos lo que teníamos que hacer" y a veces, ni eso.

Hace unos meses fui con un grupo de universitarios a repartir desayunos a gente sin hogar, como no pudimos salir más temprano nos costó encontrar gente en los portales de los barrios más cercanos, y tuvimos que salir en su búsqueda (actitud, que por otro lado, se ha de tener siempre), haciendo corto un cuento largo, solo nos encontramos con grupillos de vendedores de droga, lo que se suele llamar "camellos", que no suscitan simpatía en ninguno, que no tienen una necesidad tan urgente e imperiosa como ese niño o anciano que íbamos buscando. Yo iba más atenta a ver la seguridad global de la situación, buscando a la patrulla más cercana por si acaso, midiendo las distancias entre "esos" y mis chicos... Una de las chicas se me acerca y me dice, jarra de café con leche en mano, "Ellos hacen daño a mucha gente, no merecen que les demos un desayuno caliente". No pude estar más de acuerdo. En seguida concluye, "pero sin duda tienen frío y algo de hambre. Yo tampoco merezco lo que tengo y ya ves". Me dejó de piedra, y le seguí mientras saludaba y les ofrecía lo que podíamos dar y no traíamos para unos como ellos. O eso creíamos. La misericordia no hay que merecerla, basta con necesitarla.

Por eso, cuidado, no nos equivoquemos con la misericordia. La misericordia es el germen de la revolución social más profunda, la del amarse los unos a los otros.