Tres veces al año tengo, sin duda, unos de los mejores momentos de mi vida. No exagero.
Tres veces sin engaño (imposible no aludir a cierta y lejana Paquita aún entre estos paquitos de otra raíz...#ChisteMaloYBicultural) me suele tocar dar la comunión durante la misa y luego llevar a Cristo Eucaristía de regreso al Sagrario. Sólo en esos momentos sé que aquello que creo que Dios me pide hacer se cumple sin duda, doy a Cristo y le llevo por los pasillos de la universidad.
Cada vez me tiembla más la mano, cada vez sonrió más ampliamente a los chicos que se acercan a recibir lo mejor que les puedo dar (y solo porque me ha sido dado a mi primero, gratuita y reiteradamente) Cada vez estoy más cerca de abollar un poco el cáliz de camino a la capilla de tan fuerte como lo abrazo. Son de las mejores acciones de gracias, de las más esponsales y maternales. Cada vez más sinceramente se que no merezco todo esto pero lo agradezco vitalmente.
Les miro y pienso en ese texto de San Juan "yo por ellos me consagro" no a ellos, pero sí para ellos. Para todos, para cada uno. Para que en este periodo de su vida, tan apasionante y tan lleno de posibilidades de todo tipo, algo quede grabado a fuego: a Dios se puede volver siempre. Así como espero que todos conozcan la universidad de tal modo que sepan llegar a cualquier punto de ella, que conozcan de Cristo por lo menos eso, su amor incondicional. Lo demás viene por añadidura.
Creo que ese es el RC que hay en mi y aquí. Gracias chicos y equipo del CM por hacerlo tan conmovedoramente posible #experienciaCM #familiaRC #consaufv
Ideas, recuerdos, anécdotas, reflexiones de libros, canciones y películas... y a ver qué más...
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domingo, 2 de octubre de 2016
sábado, 1 de octubre de 2016
Corazón dominguero. TO XXVII
CORAZON DOMINGUERO
XXVII Tiempo ordinario
Por: Paulina Nuñez
Lucas 17, 5 - 10
La dinámica del amor, del amor verdadero, se apoya en cosas pequeñas y todos lo hemos experimentado. Esa mirada que causa microinfartos entre una pareja que empieza a enamorarse, aquel gesto de disponibilidad o lealtad que te hace ver que podrás contar con un amigo de verdad, el ser tan pequeñito que es necesario verle con ultrasonidos pero llega a revolucionar casas y corazones cuando Dios bendice a un familia con una nueva vida.
La fuerza de lo pequeño.
Ese poder atómico (en tamaño de la causa y en alcance de sus consecuencias) nos es a la vez de lo más conocido y de lo más sorprendente y, ojo, hasta repulsivo cuando nos despistamos y nos centramos en nosotros mismos y no en el amado y en ese proyecto común.
De eso nos habla la primera parte del evangelio de este domingo: "Si tuvieras fe como un granito de mostaza..." y por lo general la reacción de nuestro corazón se va por lo derroteros del auto-bastonazo "es que es el colmo, mi fe es tan pobre, tan poca cosa... #YoMuyMal" Y quizás haya un amor sincero en ese desazón y es lícito y muy bueno querer crecer en la fe, pero nos despistamos de otra cosa igualmente cierta y tan reconfortante... Dios no nos pide una fe tamaño montaña sino tamaño semilla de mostaza.
¿Estás leyendo esto? será porque eres muy paciente con mis pobres reflexiones y porque crees que quizás algo pueden ayudarte para vivir mejor la misa mañana (la fe necesaria para hacer todo esto no es poca cosa...) Quizás ya estás moviendo montañas y no te has dado cuenta, voltea atrás y dime si no has superado con la gracia de Dios situaciones que te parecían insufribles... quizás esa montaña la moviste piedra a piedra, pero se ha movido.
Dios no nos pide mover las montañas a velocidades olímpicas, el proceso de búsqueda, de espera conforma el combate de la fe y nos hace crecer en esperanza y sin duda en amor.
Así que en esta misa dominical a agradecer esa pequeña semilla de mostaza, que en otro pasaje nos dice que se parece el Reino de los cielos en que crece para dar acogida a muchas aves..., lleva esa pequeña semilla al altar con ternura y gratitud sabiendo que no necesitas más, que tu Padre Dios proveerá.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Incómoda vigilia de oración #RefugiadosConDerechos
El sábado por la noche estuve en una incomodísima situación. Mons. Carlos Osoro, junto con algunas entidades de ayuda social de la iglesia, convocó a una vigilia de oración por los refugiados e inmigrantes, la no pequeña capilla del seminario conciliar de San Dámaso resultó claramente insuficiente... Y eso no fue lo incómodo.
Lo incómodo fue la claridad evangélica del mensaje ante un tema que lleva años entrando más y más en mi mente, en mi corazón, colándose en mis inquietudes del día a día, mientras yo me voy haciendo cargo de la urgencia de la situación han muerto miles de personas, muchos de ellos martirizados por su fe. Por mi fe.
El tema no llegó a la orilla con el cuerpo de Aylan, el tema vive desde hace años en esta Europa en la que yo también soy inmigrante. El tema es complejo, incómodo, porque las amenazas ni son pocas ni son lejanas. Más incómodas las réplicas que nacen del Evangelio, "al que te pida el manto..." "La otra mejilla..." "Bienaventurados..." "Yo estaré con vosotros..." "No os inquietéis pensando..." "conmigo lo hicisteis..." Ciento por uno en esta vida, con persecuciones..." "el discípulo no puede ser más que su maestro..." Y así tantas más verdades como templos que ese Jesús, que fue un niño que emigró con sus padres... Familia de refugiados en Oriente Medio..., me dice y ha pagado y firmado con su sangre. La sangre es incómoda.
Y no quisiera ser simplista, aunque se que lo estoy siendo y mucho, la fe de ese otro que ataca y mata no está en mi el cambiarla. Pero la fe mía, la fe nuestra sí está a mi alcance, y si la tomamos sin glosa, en su belleza e incomodidad originaria es innegablemente una fe de vida, de valentía y de donación.
Miro incomoda a María y me dice "haced lo que Él os diga", miro a Cristo y me dice "ve y haz tú lo mismo". Y no puedo obviar ese recuerdo de la carta de San Pablo "nada nos separará del amor de Dios, ni la persecución, ni la espada, ni muerte ni vida...".
Muy incómodo, como incomoda es la cruz, ojalá nunca me acomode.
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