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miércoles, 15 de junio de 2011

Bob Dylan sigue buscando respuestas a los setenta


Leyendo artículo tan buenos... ¿cuándo dejaré de copiar...? Gracias a estos que hacen BIEN en bien.


Bob Dylan sigue buscando respuestas a los setenta

Bob Dylan sigue buscando respuestas a los setenta
   Todo un personaje del que desconocemos su fuero interno actual, pero al que imaginamos libre y atento a lo que suscita la realidad y dispuesto a seguir buscando y profundizando las respuestas en el viento 

     La semana pasada Bob Dylan cumplía 70 años. "How many roads must a man walk down/ before you call him a man?" Desgarraba un joven la primera estrofa de Blowin' in the wind a la guitarra, el himno de su ídolo al que imitaba en su crecido pelo ensortijado y con el que se identificaba, como muchos de nosotros, en tratar de encontrar la respuesta en el viento a los avatares de la vida. Aquel muchacho sucumbió en el intento y no ha llegado a felicitar en su 70 cumpleaños a quien imitaba. 

    Como él, muchos fueron seducidos por la droga. Salvador moriría unos meses después de cantarnos a un grupo de amigos una de las canciones más emblemáticas de uno de los cantautores que más ha influido, y lo sigue haciendo, en la música popular del siglo XX, Robert Allen Zimmerman, conocido artísticamente como Bob Dylan (Minnesota, 1941, EE.UU). 

     Con sus siete décadas en la mochila, Dylan se sigue zafando de su leyenda para reinventarse, como lo ha hecho repetidamente, y continúa su marcha sin desvelar cuál es su pulsión interior actual. Recluido en su silencio ante el mundo, ha ido viviendo con esa tensión que le ha llevado a apostar por muchos y variados caminos personales y musicales en sus cerca de 50 años de vida artística en los que ha alumbrado alrededor de medio centenar de álbumes de estudio (el último, uno de villancicos en 2009), otros en directo, a obtener el reconocimiento en distintos premios, entre ellos el de las letras francesas y el Príncipe de Asturias, y al que han querido nominar para el Nobelde Literatura. 

      Más allá de su casi gangosa voz nasal y de su estilo discursivo en sus canciones que le han hecho inigualable y, en los primeros años, incomprendido (en 1962 saca su primer disco, Bob Dylan, y vende 5.000 ejemplares. Simon y Garfunkel ironizaron su estilo en un tema), este judío universal ha apostado fuerte por renovar la música popular del siglo XX y dotarla de contenidos vitales y sociales. 

      Ya desde el inicio de su carrera, marcaba su rumbo por expresar musicalmente lo que llevaba dentro y veía a su alrededor: «Lo que pasaba con el rock'n'roll para mí no era suficiente. Había muy buenas frases pegadizas y un ritmo contagioso, pero las canciones no eran serias o no reflejaban la vida de un modo realista. Sabía eso cuando me metí en la música folk, era una cosa más seria. Las canciones estaban llenas de tristeza, de triunfo, de fe en lo sobrenatural, y tenían sentimientos más profundos». 

      Su apuesta por seguir los pasos de los grandes folkmen, como Woody Guthrie (del que diría:«Puedes escuchar sus canciones y aprender a vivir»), Pete Seeger y otros le llevó a vivir comprometido con muchas causas, como los derechos civiles de los negros del Sur, entre otras, al tiempo que conservaba su autonomía de juicio y no sucumbía a posiciones maniqueas porque conocía la amalgama de bien y mal que anida en cada uno de nosotros, como demostró ebria y airadamente durante la entrega en 1963 del premio Tom Paine, del Comité Nacional de Emergencia de las Libertades Civiles, alegando ver algo de sí mismo y de todos los hombres, incluidos los miembros de dicha institución, en el supuesto asesino de Kennedy (el crimen del presidente estadounidense se había producido en fecha reciente). 

      Dispuesto siempre a ser protagonista, cambió su sonido original de voz, guitarra y armónica incorporando instrumentos eléctricos, con la crítica subsiguiente de los puristas del folk. Dylan había aparecido previamente en el Newport Folk Festival en 1963 y 1964, pero en esta ocasión se topó con una mezcla de vítores y abucheos, y tras interpretar tres canciones abandonó el escenario. De igual modo, en mayo de 1974 salvó la inasistencia popular al homenaje de varios artistas a Salvador Allende anunciando su participación, lo que precipitó que se vendieran todas las entradas. 

Conversión al cristianismo
      Autodidacta y abierto a todo, Dylan coqueteo con todo tipo de experiencias, incluso con las drogas, compartió su vida con varias mujeres (se casó con dos con las que ha tenido cinco hijos) y rastreó la veracidad de las respuestas al sentido de su vida que le ofrecía el ambiente. Fue educado en el judaísmo y ha mantenido su sentido trascendente —como demuestra la anterior alusión a los mensajes de la música folk— y por su posterior conversión al cristianismo, materializada a finales de los setenta tras confrontar sus objeciones con varios sacerdotes. 

      Ésta no vino por una depresión motivada por un accidente de moto que tuvo, como argumentan algunos detractores que ven en estas vueltas a la religión de algunos artistas signos de debilidad mental y antesalas depresivas: «Lo estaba haciendo todo bien —ha subrayado más tarde—. Estaba contento. Algunos amigos mencionaban cosas sobre Jesús. Mucha gente piensa que Jesús llega a la gente cuando están deprimidos o se sienten miserables. Ésa no fue la forma en que llegó a mí». Lo sucedido lo contó sin arrobos durante un concierto en 1980 del siguiente modo: «Jesús me dio unos golpes en el hombro; me dijo: "Bob, ¿por qué te resistes a mí?". Yo dije: "no me estoy resistiendo". Entonces me preguntó: "¿Vas a seguirme?". Yo dije: "Bueno, no lo había pensado"».  

      Por esta posición, Dylan sufrió el ataque de muchos, incluso ninguneando sus discos de aquella época, como Slow train coming, Saved y Shot of love, a los que respondería con esa altiva elegancia de quien es libre y le traen al pairo los comentarios: «Años atrás decían que yo era un profeta. Yo decía: "No, no soy un profeta", y ellos dicen: "sí, lo eres, eres un profeta". Y yo contestaba: "No, no soy yo". Ellos decían: "Seguro que eres un profeta". Me convencían de que era un profeta. Ahora vengo y os digo que Jesús es la respuesta. Y ellos dicen: "Bob Dylan no es un profeta". Simplemente, no pueden manejarlo». 

      Todo un personaje del que desconocemos su fuero interno actual, pero al que imaginamos libre y atento a lo que suscita la realidad y dispuesto a seguir buscando y profundizando las respuestas en el viento; aquellas a las que desgraciadamente no esperó la impaciencia de Salvador y a las que se refirió en 1997 Juan Pablo II cuando glosó su Blowin' in the wind ante cerca de 300.000 personas y antes de escuchar al cantante más influyente del siglo XX en el Vaticano: 
    «Hace poco un representante vuestro ha dicho que la respuesta a las preguntas de vuestra vida "está soplando en el viento". ¡Es verdad! Pero no en el viento que todo dispersa en los remolinos de la nada, sino en el viento que es soplo y voz del Espíritu, voz que llama y dice "¡ven!" (cfr Ap 22, 17). Me habéis preguntado: ¿cuántos caminos tiene que recorrer un hombre para poderse reconocerse como hombre? Os contesto: ¡uno! Uno solo es el camino del hombre, y éste es Cristo, que ha dicho "Yo soy el camino"(Jn 14,6). Él es el camino de la verdad, la calle de la vida». 
      Y el Papa concluyó:
    «mi augurio es que vosotros también podáis, con Simón Pedro y los otros discípulos, encontrar a Cristo para decirle: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 67). Sí, Jesús tiene palabras de vida eterna».

Enrique Chuvieco

PaginasDigital.es / Almudí

martes, 14 de junio de 2011

El sacerdocio masculino en los ojos de una feminista atea


Otro copy&paste de mis hermanos de misión... lo siento, pero lo bueno está para compartirse...


El sacerdocio masculino en los ojos de una feminista atea

«Fui atea toda mi vida hasta el año 2005. Busqué mi camino hacia el cristianismo, y ahora escribo acerca de lo que significa ser parte de esta fe, después de una vida como no creyente». Así se describe Jennifer Fulwiler, «escritora ymanager caótica de su creciente familia, que actualmente incluye cinco hijos pequeños». Es columnista en Envoy Magazine, National Catholic Register, entre otros, y tiene un blog (ConversionDiary.com), en donde comenta la alegría de su fe católica.

Soy un admirador personal de sus escritos. Cargados de realismo y de profundidad, sus líneas suelen transparentar esa fuerza típica del converso que no se anda con medias tintas. Leerle suele ser una bocanada de aire fresco dentro de la red. Entre sus muchos escritos, hubo uno que me pareció especialmente iluminador: Por qué siempre me ha parecido sensato el sacerdocio masculino. Venido de una pluma que antes fue atea y feminista, me pareció interesante darle una ojeada. Valió la pena…

Con permiso de la misma Jennifer, que amablemente me autorizó hacer una traducción de su artículo, comparto ahora con ustedes estas líneas, esperando que puedan iluminar y ayudar a valorar, aún más, la fe tan hermosa que tenemos en nuestra Iglesia. ¡Gracias, Jennifer!


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Por qué siempre me ha parecido sensato el sacerdocio masculino

Cuando leí la parte de “Catolicismo para idiotas” (Catholicism for Dummies) que trataba el tema del sacerdocio masculino, alguno podría pensar que iba a volver atrás en mi decisión a convertirme. Ya había escuchado algo sobre el género y el clero Católico en la “cultura popular”, pero nunca me topé con el tema hasta que empecé a buscar y me di cuenta que efectivamente la Iglesia Católica no acepta mujeres al sacerdocio. Siendo atea de toda la vida y una feminista proclamada, podría pensarse que debería sentirme ultrajada. Sin embargo, cuando intenté que me viniese una justa indignación, ésta jamás llegó. De hecho, algo de esta postura me pareció objetiva. Sorprendida por mi propia posición, pasé mucha parte juzgando por qué no sentía la urgencia de denunciar esta postura polémica como opresiva e injusta. Y esto fue lo que me vino a la mente:

Hombres y mujeres son distintos

Por ese entonces, había sido mamá recientemente. Y no hay nada como el embarazo y el dar a luz para darse cuenta de que el hombre y la mujer son muy, pero muy diferentes. Incluso fuera de la visión católica, no se puede negar que quienquiera que nos creó –sea que lo llames Dios o Naturaleza o Alá o lo que sea– nos creó hombre y mujer con capacidades complementarias y, sin embargo, totalmente distintas. Las mujeres pueden cargar una nueva vida humana en su seno; los hombres no. Las mujeres pueden amamantar  a sus bebés; los hombres no. Los hombres son generalmente más fuertes: el más fuerte de los hombres en el mundo siempre va a ser más fuerte que la más fuerte de las mujeres en el mundo. Y la lista de diferencias innatas entre los sexos sigue y sigue… Asumiendo que toda la raza humana no ha nacido en una situación inherentemente injusta, parecería que nuestro Creador no cree necesario que todoshagan lo mismo para ser iguales.

Lo que haces no es lo que te hace valer

A lo largo de esas mismas líneas, había comenzado a cuestionarme la persuasiva y moderna idea de que lo que tú haces es lo que tú vales. En las reuniones sociales, la primera pregunta que hacemos a alguien que conocemos es “¿A qué te dedicas?”. A los niños les preguntamos “¿Qué vas a hacer cuando seas grande?”. Uno de los resultados de esta idea es que nosotros, como sociedad, decidimos que si las mujeres no hacen toda y cada una de las cosas que los hombres hacen, la única posible explicación tiene que ser que ellas están siendo valoradas menos –y ser excluidas de realizar ciertas actividades significa que sus opciones de alcanzar un cumplimiento completo como seres humanos es limitado. Cuanto más consideraba esto, tano más me golpeaba como una visión tristemente utilitarista. Comencé a pensar que es posible creer que los hombres no serán buenos consultores en lactancia, las mujeres no serán buenos combatientes de la guerra de guerrillas, etc., sin que eso sea un comentario sobre el valor intrínseco de un sexo sobre el otro.

Dios se hizo hombre

Como un extraño que busca en esta religión, no podía entender cómo alguien pudiese creer que el Cristianismo es verdadero y, al mismo tiempo, cuestionarse el hecho de que Dios ve dos sexos con diferentes roles cada uno. Cuando Dios asumió nuestra carne humana, lo hizo como hombre. Podría haber bajado como mujer, como un equipo de hermanos y hermanas, o como un ser asexuado. Pero no lo hizo. Si quieres rechazar el Cristianismo como falso, eso es una cosa; pero si aceptas a Jesucristo como Dios Encarnado, parece que también tienes que aceptar que Dios ve que el sexo masculino tiene un rol especial en este mundo.

Jesús escogió hombres para ser sus apóstoles

Pedro, Andrés, Santiago, Santiago, Juan, Felipe, Tomás, Mateo, Bartolomé, Tadeo, Simón y Judas: esos son los nombres de las 12 personas que Cristo llamó personalmente para ser sus apóstoles. Todos son hombres. El hecho de que Dios no sólo viniese como hombre, sino que incluso llamó solamente hombres para ser sus apóstoles (a pesar del hecho de que también estuvo cercano a muchas mujeres), fue una confirmación definitiva del hecho obvio de que Dios tiene un plan especial para el sexo masculino.

Dios nos dio a María

Y entonces, ¿dónde deja todo esto a las mujeres? ¿Acaso Dios no ve para nosotras un rol especial también? ¿Se olvidó de nosotras? Con honestidad, también tuve esos pensamientos cuando empecé a buscar sobre el Cristianismo, y fue un rollo. Las únicas ramas de cristianismo del que tenía experiencia eran algunas denominaciones del protestantismo sureño [en Estados Unidos] y me golpeó el hecho de que eran espiritualidades centradas en el hombre. Jesús era hombre, sus apóstoles eran hombres, todos los predicadores locales eran hombres. ¿Dónde entraban las mujeres en toda esta religión? ¿Acaso Dios dejaba fuera, en el frío, a todo un sexo en su totalidad?

Una vez que descubrí el Catolicismo, una de las muchas cosas que me sorprendieron de sus enseñanzas fue el énfasis en María. Tenía mucho sentido que Dios diera a una mujer un rol crítico dentro de su plan, alguien que pudiese servir como ejemplo de perfecta santidad femenina –y tenía sentido que su verdadera Iglesia lo entendiera así y celebrase este hecho.

Y así, cuando me topé con la doctrina del sacerdocio masculino, todas estas ideas hicieron que la defensa oficial de la Iglesia de su posición sonasen auténticas. De hecho, hubiese sido escéptica de las doctrinas católicas si no me hubiesen enseñadoque es una labor para hombres –sólo para hombres– llevar adelante el rol que Dios empezó cuando él mismo se hizo hombre.

Se puede leer el original en inglés siguiendo este enlace: