De mi oración matutina... preparándome para mi 13º aniversario de consagración mañana 21 de agosto. * Se aceptan, se piden, se esperan y hasta se suplican sus oraciones, para, con la gracia de Dios, cumplir poe lo menos otros 130 años más, y "hasta que la muerte nos acabe de unir".
De los sermones de san Bernardo, abad, sobre el libro del Cantar de los cantaresSermón 83, 4-6: Opera omnia, edición cisterciense
El amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su premio se identifican con él mismo. El amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar. Gran cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma. Entre todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da. En efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí.
El amor del Esposo, mejor dicho, el Esposo que es amor, sólo quiere a cambio amor y fidelidad. No se resista, pues, la amada en corresponder a su amor. ¿Puede la esposa dejar de amar, tratándose además de la esposa del Amor en persona? ¿Puede no ser amado el que es el Amor por esencia?
Con razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es amar ella a su vez. Porque, aunque se vuelque toda ella en el amor, ¿qué es ello en comparación con el manantial perenne de este amor? No manan con la misma abundancia el que ama y el que es el Amor por esencia, el alma y el Verbo, la esposa y el Esposo, el Creador y la criatura; hay la misma disparidad entre ellos que entre el sediento y la fuente.
Según esto, ¿no tendrá ningún valor ni eficacia el deseo nupcial, el anhelo del que suspira, el ardor del que ama, la seguridad del que confía, por el hecho de que no puede correr a la par con un gigante, de que no puede competir en dulzura con la miel, en mansedumbre con el cordero, en blancura con el lirio, en claridad con el sol, en amor con aquel que es el amor mismo? De ninguna manera. Porque, aunque la criatura, por ser inferior, ama menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en juego toda su facultad de amar. Por ello, este amor total equivale a las bodas místicas, porque es imposible que el que así ama sea poco amado, y en esta doble correspondencia de amor consiste el auténtico y perfecto matrimonio. Siempre en el caso de que se tenga por cierto que el Verbo es el primero en amar al alma, y que la ama con mayor intensidad.
Ideas, recuerdos, anécdotas, reflexiones de libros, canciones y películas... y a ver qué más...
Mostrando entradas con la etiqueta perseverancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perseverancia. Mostrar todas las entradas
lunes, 20 de agosto de 2012
miércoles, 18 de julio de 2012
El perro que ve a la liebre
Hace años alguien me contó la historia del perro y la liebre. Varios perros corren y corren detrás de una liebre, al pasar por las calles se les unen más y más perros atraídos por el alboroto, vamos, que se arma un fandango muy ameno para los canes involucrados. Pero... porque casi siempre hay un pero, tras cierta distancia, el calor... va disminuyendo el entusiasmo de la jauría. Y así, uno tras otro, los perros se van quedando a la vera del camino, regresan a su hueso, a su pedacito de sol, a que les rasquen la panzita en casa. Sin embargo, uno de ellos no deja de correr. El perro que vio a la liebre.Esta historia podría ser tanto un cuento de los hermanos Grimm (de haber diálogos diría que una fábula de La Fontaine...), hasta un "forward" de correo electrónico, pero el mensaje es igualmente interesante. Hacer la cosas "como el Borras", "¿a dónde va Vicente? a dónde va la gente..." o hacerlo porque se cree y se quiere, porque se sabe lo que hay delante, por la opción personal... En otras palabras, porque se ha visto a la liebre.
Sin duda que todos los perros en cuestión se cansarían más o menos, quizás incluso se deduce que esté más cansado el que no ha dejado de correr, pero resulta que este tiene un motivo (que viene de "motor", algo que de la el impulso de movimiento), si bien eso no hace que los kilómetros se vuelvan centímetros, sí que hace que la obligada travesía cobre sentido, que lo costo entre dentro de una jerarquía de valores en la que no prima, no rige, o como diría el ya Beato Card. John Henry Newman "mil dificultades no hacen una sola duda".
Así que en la vida todos hemos de reflexionar ¿he visto a la libre o corro detrás de los otros? en medio del alboroto, sobrellevando las dificultades pero sin mucha idea de qué hago y a dónde voy realmente... de por qué hago o no hago tal o cuál. Y para aquellos que corren "ciegamente", lo siento, pero eso no es precisamente fe, así que más que admiración suscitan cierta compasión, pues si bien en la fe no "se ve" todo, se sabe lo que hay al final de la carrera... Cerramos esta carrera con la frase del Apóstol: "Yo sé en Quién he puesto mi esperanza y estoy seguro" 1 Timoteo 2, 12.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
